miércoles, 2 de diciembre de 2009

Enseñanza de coraje


Mientras nuestra reina sigue viviendo en una burbuja y su equipo de gobierno trata de pasar lo más desapercibido posible, excepto claro, el vocero Anibal F., nosotros, los ciudadanos de a pié seguimos con nuestra rutina, tratando que nadie nos mate, nos robe, nos pase por arriba con el auto, nos lleve confundido un cartonero o, sin darnos cuenta, nos metamos dentro de un piquete o movilización.

Sentado en una confitería, tomando un cafecito, miraba como una persona ciega caminaba por la vereda opuesta. Me llamó la atención no sólo su bastón blanco, sino la velocidad y seguridad de su desplazamiento. Alguna vez probé de hacerlo con los ojos cerrados y no pude hacer ni cinco pasos seguidos.

Volviendo a mi protagonista, éste caminaba sobre la calle Defensa, de vereda muy angosta y, en ese sector en particular, con unas hermosos faroles ajustados cerca del cordón. Por lo tanto, cada tanto, el espacio de circulación se angosta.

Mi amigo (porque en muy pocos minutos se ganó mi amistad) se mantenía pegado a la pared, manteniendo una traza paralela a la arquitectura. Supongo yo, desconociendo la existencia de los faroles. Mi preocupación llegó, cuando de repente se encontró con las escalinatas de una iglesia. Tropezó con el primer escalón y logró mantenerse con esfuerzo. Se detuvo y con el bastón dibujó el contorno de esta trampa.

Dos segundos más tarde ¡horror! algunos metros más adelante, un desubicado había dejado su moto estacionada, con un espacio minúsculo entre ésta y el cordón. Cuando estaba por levantarme para pegarle el grito porque iba rumbo de colisión, el estremo blanco de su bastón golpeó con la rueda trasera. Otra vez se detuvo. Con la otra mano buscó la moto y muy lentamente fue avanzando hasta dejarla atrás.

Ya en la esquina, aguardó a que alguna persona lo ayudara a cruzar y lo perdí de vista.

Me quedé pensando que esta ciudad no está preparada para los ciegos y que nosotros, los que no tenemos ese problema, tampoco lo estamos. Creo que es un déficit (otro de los cientos existentes) de nuestra escuela. Este tipo de temas debiera ser enfocado para enseñarnos a ser más solidario y a convivir con esta gente.

Recuerdo que una vez ayudando a cruzar la calle a uno, cuando llegaba al cordón de la vereda opuesta lo llevé por la rampa para sillas de ruedas. Le advertí que subiríamos por ahí y me respondió que prefería no hacerlo. Grande fue mi sorpresa y me comentó, que si subíamos por el cordón normal, él al tocar con su bastón dicho cordón le resultaba más fácil saber donde estaba la vereda y donde la calle.

El que dejó la moto estacionada en la vereda casi sin dejar espacio para circular; los que ponen macetas, carteles de publicidad, mesas y sillas en la vereda; zanjas abiertas sin señalización previa y todo aquello que se le pueda ocurrir en general, buscan un beneficio personal, sin tener en cuenta que hay gente que puede hacerse daño con estas trampas no pensadas.

Seamos solidarios y ayudemos a aquellas personas que, a pesar de contar con alguna limitación física, tienen el coraje y valentía de desafiar su destino. Evitemos que también deban enfrentar nuestra falta de sensibilidad.

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